Un, dos, tres, cuatro… cuento los latidos de
mi corazón, acelero el paso… cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez… ya no
está, miro hacia atrás y puedo ver la calle vacía, siento su presencia en mi
espalda nuevamente… un, dos, tres, cuatro, cinco…. Las baldosas pasan bajo mis
pies, su respiración se acerca… seis, siete... veo la sombra de su brazo estirándose
para alcanzarme… ocho, nueve… volteo… diez, ya no está… algo se mueve un, dos…
solo un gato, respiro y me siento, una mano se posa en mi hombro, quito el
insecto y me quedo tranquilo, al menos por cinco minutos, debo tomar aire y
regresar a la seguridad de mi casa.
Las sombras lo ocultan, son las ocho de la
noche… un, dos, tres, cuatro… tropiezo con mis cordones y no tengo tiempo de
atarlos, si me caigo… cinco, seis… doy un giro como yendo a su encuentro, otra
vez está detrás de mí, siete, ocho… comienzo a correr… nueve... zas!!! Caigo al
suelo y puedo sentirlo, se ha ido… diez. Consigo levantarme, me quedo de
rodillas esperando una muerte que nunca llega, miro a mí alrededor y los
sillones ocupan gran parte del living, vuelvo a acostarme en ellos con la
respiración entre cortada.
Un, dos… es solo un sueño, pienso… tres,
cuatro, cinco… todo parece tan real… seis… se acerca y no he corrido, ¿acaso lo
he vencido? Siete… la sangre moja mi remera… caigo de rodillas… ocho… en la
cama solo hay ropa sucia y revistas viejas, todo perfectamente ordenado y limpio,
parece que dejarse morir era el final del sueño, levanto el vaso de agua, bebo
un sorbo y vuelvo a dejarlo sobre la mesa de luz, consigo hacerme un lugar en
el colchón y vuelvo a dormir, atrás ha quedado el recuerdo de los sillones,
siempre al llegar a diez espanto a la muerte como si estuviésemos jugando a la
escondida, ya no podrá encontrarme…
Nueve… la sangre impregna las sabanas, piedra
libre.
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