miércoles, 28 de diciembre de 2011

liberté, égalité, fraternité


El humo del cigarrillo dificultaba la visión, pero no fumar era inevitable, los nervios me consumían por dentro y la espera se hacía cada vez más larga, no estaba acostumbrado a esto.
Al verlo salir apagué el cigarrillo en el dorso de mi mano y lo guarde en un bolsillo, no podía dejar rastros, decidí seguirlo a una distancia de 50 metros, para poder ocultarme entre la multitud sin perderlo de vista, no debía verme, si lo hacía…
Estudié sus movimientos día a día, debía planearlo muy bien, no podía haber una sola fisura o el plan se echaría a perder, eso no iba a permitirlo. Absorto en mis pensamientos lo perdí de vista, pero estaba seguro que mi objetivo no se encontraba lejos, di la vuelta a la esquina, me adentre en un local y al salir por la puerta de servicio pude ver su espalda esperando para cruzar la calle, el cielo empezaba a estorbar con mis planes mandando unas gotas aisladas, sin pensarlo dos veces se subió a un taxi. Decidí que era suficiente por ese día y regresé al piso alquilado con vista a la plaza, apoyé el arma sobre la mesa y acompañado por un poco de música empecé a realizar su recorrido mentalmente en el mapa que colgaba en la pared. “Hasta que choque china con áfrica, te voy a perseguir…”  la ironía quiso que Luca sea mi acompañante en este pseudo viaje por las calles de la ciudad, todos los días el mismo camino.
A medida que se acercaba el día los nervios aumentaban de manera tal que era imposible concentrarme en la ruta, cada día a las 13 comenzaba en un punto y a las 18 regresaba a ese mismo lugar, siempre el mismo camino, pero la ansiedad conjuraba en mi contra haciendo que temiese perderme, el peso del arma en la cintura también colaboraba. Debo admitir que si bien era un trabajo fácil comenzaba a exasperarme el hecho de que nunca cambiara su recorrido, un poco de acción no me vendría mal.
Solo faltaba un día para concretar el plan, observaba la puerta desde mi escondite, 12:47, en unos instantes comenzaría su caminata habitual, pero eso no ocurrió. A las 13:15 mi cerebro solo respondía a la nicotina, las neuronas entraron en crisis y mi pulso comenzó a traicionarme, mientras más tiempo pasaba más me enceguecía, los ojos fijos en la puerta y los músculos de las piernas tensos, prestos para emprender el camino; los minutos se sucedían y la puerta permanecía inmóvil, si mañana se repetía esto mi plan estaría acabado. Perdido en conclusiones y reformas al plan, no advertí su salida, mis ojos lo detectaron a 70 metros, pero no iba solo, nada de esto estaba bien, no debía estar en compañía de nadie.
Regresé al departamento y de un golpe deshice el espejo, el plan no podía fallar el día anterior, mañana será como siempre y todo estará finalizado, pero mis intentos de convencerme no eran fructíferos, tomé el arma, la descargue y comencé a gatillar simulando estar en guerra, aunque realmente lo estaba, era una guerra conmigo mismo.
El día elegido, 14 de julio, me aposté en mi escondite, a las 13:02 salió de su casa y comenzó a andar, las mismas esquinas, los mismos lugares y en soledad, todo iba según lo planeado, si continuaba así en 3 cuadras debería acercarme a él e introducirlo en el auto que se encuentra esperando. Al llegar al punto la calle estaba desierta, el plan corría sobre rieles, me acerque lentamente y antes de que pudiera darse vuelta lo tome por detrás tapándole la boca, lo introduje en el auto y allí quedamos frente a frente, me miró unos instantes sin saber qué hacer. El peso del arma me incomodaba, metí mi mano en el bolsillo y decidí que era el momento, extraje el paquete, se lo entregué y con una simple mirada el plan estaba cumplido y un pacto había nacido.
Desde el momento que lo planee sabía que lo haría, nadie puede prohibir que mi hijo sepa la verdad sobre su origen, y menos el día de su cumpleaños.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Paganismo


Cuenta la leyenda que hace muchos años una tribu de guerreros tenía por costumbre adorar  la comunión entre la luna y el cielo, ceremonias interminables en el cual entraban en un éxtasis desafiante donde el único límite era la gravedad que mantenía sus cuerpos adheridos al suelo. Dicen los sabios que los integrantes de esta tribu se maravillaban al anochecer, cuando la luna, el cielo y la oscuridad brindaban un espectáculo astronómico nunca visto por ningún habitante de este mundo; la luna con ese brillo particular, las sombras que simulan ser sus ojos, danzaba en rededor de los destellos del cielo, quien cubría la oscuridad con luces mágicas lanzadas como flechas.
Luego del fin de la cosecha, se calcula que fue para el invierno, los guerreros se preparaban para celebrar la llegada del sol, un semidios no muy respetado, pero si importante para su vida económica, al cual no adoraban directamente, sino que agradecían al cielo y a la luna por su llegada. Durante todo ese día los guerreros entonaron sus voces de guerra, sus cantos de adoración y por espacio de varias horas fueron sucediéndose los rituales uno tras otro, pero esa noche la luna salió sola, algo inesperado había ocurrido, por detrás de ella no se veían más que un par de estrellas, el cielo y la oscuridad no estaban allí. Asombrados, los jefes y magos de la tribu decidieron extender los rituales por varias horas, y al llegar la otra noche, el cielo se presento en soledad, sin su compañera la luna de ojos oscuros.
Día tras día, noche tras noche, los guerreros siguieron cantando, adorando y alabando a sus dioses, pero luego de la caída del sol se presentaban en soledad, alternándose, nunca coincidiendo.
El gran mago, quien era el único que se comunicaba por medio de sus pinturas con los dioses, anuncio que en sueños había tenido una visión, la separación de la luna y el cielo era un designio del universo y solo él podría reunirlos.
Los años se sucedían y el fenómeno se repetía, cada día al caer el sol, los habitantes perdían todo tipo de esperanzas al ver que la luna danzaba en soledad y el cielo emitía destellos para nadie, nunca volverían a celebrar la ceremonia de comunión entre sus dioses.
Algunos sacrificios fueron ofrecidos sin sentido, los fuegos sagrados ya no alumbraban con su luz mágica y del éxtasis inicial solo quedaba una euforia contenida en cada uno de sus corazones, las generaciones venideras continuaron con los rituales, tratando de mantener viva la esperanza de sus antepasados y buscando ser ellos quienes lograran ver lo que los científicos no podían explicar.
El gran mago, contaba historias de temblores durante las ceremonias, la tierra se estremecía durante los rituales, leyendas de batallas que parecían perdidas y de las que resultaron victoriosos gracias a la fuerza de la luna y el cielo, todos relatos de antaño, leyendas sin registro, pero ciertas.
La historia ha guardado un lugar para esta tribu, que poco a poco ha ido desapareciendo, hasta quedar en un recuerdo imborrable, que se transmite boca a boca y del que nadie se atreve a dudar. Hay quienes afirman que los descendientes de aquella tribu de guerreros aun asisten a las apariciones del cielo y la luna, entonando los gritos de sus antepasados, manteniendo viva la llama de la esperanza que busca reunir a los dioses en su perfecta comunión de danzas y destellos, para poder alejarlos de su destino de soledad.