lunes, 21 de febrero de 2011

The Wall


Emprendió un viaje inesperado, simplemente se despertó con ganas de viajar y asi lo hizo, metió lo indispensable en un pequeño bolso y se marchó con rumbo incierto, sin despedirse de nadie y sin saber que sería de su vida. La travesía no sería nada fácil, los caminos escondían secretos que nunca habían sido revelados por nadie, y hasta los más valientes temían salir del los limites urbanos, pero él, Tiresar, simplemente se fue.
Al principio lo imprevisto del plan lo mantenía acelerado, con paso constante y sin temor, viajaba decidido a encontrar su rumbo y su vida, alguien le había dicho alguna vez que la vida  era como una pared que se construía ladrillo por ladrillo, y que cada ladrillo era una meta cumplida en ella, pero se había olvidado de la ultima parte de la enseñanza, intentó recordarla pero, al no poder lograrlo, se convenció de que no era tan importante si la había olvidado. De repente pensó en la pared y en sus ladrillos, se sentó en un tronco seco y meditó en silencio sobre sus metas y el tamaño de su pared, luego de varios minutos llegó a la conclusión de que ésta no tenía más de dos o tres hileras de ladrillos, así que se puso de pie en un salto y continuó su viaje decido a agrandarla y escribió en un pedazo de tela sus primeras diez metas.
Consciente de los peligros que lo acechaban en el inhóspito bosque, donde las criaturas más aterradoras tenían su morada, se puso como primera meta sobrevivir al menos una semana, lo cual le resultó sencillo, ya que solo se encontró con un conejo que terminó siendo su cena, y con otra extraña criatura totalmente inofensiva, por lo que decidió estirar el plazo de su meta a un mes. Pero al menos ya tenía otro ladrillo.
 Su segundo objetivo fue registrar al menos 5 criaturas desconocidas, para poder estudiarlas en un futuro. Aquí las cosas fueron complicándose un poco, ya que al escuchar sus pasos todos los seres del bosque huían despavoridos, pero al fin, pasadas 2 semanas de que se cumpliera la extensión que había hecho a su primera meta, pudo registrar el quinto y último animal para obtener su tercer ladrillo.
Esto de las metas se había vuelto una obsesión, todo el tiempo se trazaba objetivos con el fin de ganar más y más ladrillos, pero ya no tan difíciles, sino que se trataba de planes como caminar diez pasos con los ojos cerrados, mirar al cielo veinte minutos, correr durante un tiempo determinado, etc. Y así fueron pasando los meses hasta que por fin se cruzó con otra persona que se dirigía en dirección contraria, luego de presentarse mutuamente, comenzaron a charlar sobre sus vidas, el extraño decía venir de la ciudad del este, donde era un rico comerciante, con una linda familia y muy respetado por el enorme esfuerzo y dedicación que todos los día ponía en su labor; sólo tres ladrillos, le dijo nuestro protagonista, y en ese momento le contó la metáfora de la pared y los ladrillos, al ser consultado sobre su cantidad de ladrillos, comenzó a enumerar sus numerosas metas cumplidas, lo cual culminó en una discusión por la facilidad de la mayoría de los planes.
Terminada la discusión el comerciante insistió en conocer el origen de Tiresar, algo que no pudo ser respondido, ya que no lo recordaba, en ese momento el pánico se apoderó de su cuerpo y comprendió que no tenía un solo recuerdo de su vida anterior, su trabajo, sus amigos, su familia, solo encontraba cantidades de pasos, minutos, horas y semanas, ladrillos.
Trató de acercarse al extraño pero ya no lo encontró donde había estado sentado, quería pedirle disculpas por la forma en la que habían discutido, había comprendido que sus tres ladrillos formaban una pared realmente sólida, y que él solo había conseguido una montaña de planes sin sentido.
Y ahí recordó el final, una pared no puede construirse si sus ladrillos no tienen un orden de ubicación, un sentido que los una, una actitud que los mantenga y una base sobre la cual asentarse.

martes, 15 de febrero de 2011

R9


La década de los 90 estaba en sus albores, tres años habían pasado desde su inicio y todo el mundo seguía recordando a ese hechicero moreno, bajito y de rulos, que recorría la superficie terrestre, hacía ya varios años, encantando a todos con su magia. Ese mago, que había aparecido en un recóndito país al sur del planeta, nunca estuvo dispuesto a ceder su lugar como el más poderoso, y aunque varios estuvieron dispuestos a disputárselo, jamás lograron destronarlo.
Pero fue precisamente ese año, que en un lugar muy cercano al territorio del poderoso hechicero, apareció un novato dispuesto a ganar su lugar, con gran velocidad para vencer a sus rivales, sus trucos eran idolatrados y envidiados por igual, todo el mundo se disputaba su presencia y quería tenerlo de su lado. Fue así que consiguió la máxima gloria de su país, algo que solo los grandes conseguían, vestir el uniforme amarillo, representándolo como nadie en el universo, dejando en claro que el trono sería suyo; y así fue,  que al retirarse el gran hechicero del sur, fue él quien ocupó su lugar durante largos años, mostrando al mundo entero su magia, sus enemigos temblaban al verlo y lo idolatraban tal vez más que sus aliados.
Su gloria fue tal, que muchos comenzaron a envidiarlo, tratando de humillarlo públicamente, burlándose de su físico deteriorado con el tiempo y tras duras batallas, que muchas veces amenazaron con destruirlo para siempre, pero su magia parecía crecer más y más. Hace ya dos lunas el hechicero ha anunciado que dejará la magia para siempre, con profunda tristeza ha cedido el trono para que se lo disputen las nuevas generaciones; y él, que jamás pidió nada que no mereciera, esta vez pide a gritos que lo dejen despedirse de su fiel amiga, con la que tantos trucos nos mostró, vistiendo por última vez su uniforme amarillo.

martes, 1 de febrero de 2011

......


La imagen de la otra orilla llegaba difusa a sus ojos, quería divisar si encontraba algún habitante en la otra isla con quien pudiera comunicarse, llevaba tres largos meses sin encontrar un solo rastro de la presencia de algún ser humano en el lugar, salvo por esa casa a la que nunca se había animado a entrar. Día tras día recorría la isla, su isla, en busca de comida y algo de compañía, pero lo único que conseguía era llenar su estomago, ya casi había abandonado toda búsqueda de otra persona hasta el día en que vio esa figura recortada en la bruma de la isla vecina, distante a dos kilómetros. Desde ese momento centró todos sus esfuerzos en hacer señales para tratar de llamar la atención de quien parecía perdido igual que él, pero al no obtener buenos resultados se dio por vencido, sin pensar siquiera en atravesar la distancia que los separaba, la idea lo aterraba.
Así que por más que conocía su territorio de palmo a palmo siguió recorriéndolo a cada momento en busca de lo imposible, siempre evitando pasar por el terreno cercano a la misteriosa casa. Hasta que un día, más precisamente el día que se cumplían cinco meses de su llegada a ese inhóspito lugar, tomó coraje y se encaminó a la construcción, una casa antigua que parecía estar cerrada al vacío. Esperanzado toco varias veces la puerta, esperando que alguien le contestara desde adentro, pero eso nunca sucedió y, al igual que en las otras ocasiones, puso todo su empeño en conseguir una respuesta desde el interior de la vivienda, obteniendo una vez más resultados negativos.
Así transcurrieron los días,  el se acercaba a la casa, golpeaba puertas y ventanas, tantas como encontraba y se sentaba a esperar una contestación, hasta ayer, cuando nunca más volvieron a saber de él, simplemente desapareció sin dejar rastro, parecía haber sido tragado por la tierra.
Parecía no aceptar la falta de respuesta, la insistencia era desesperante y su espera aun peor, tomar la decisión no fue sencillo, la idea rondaba desde que comenzó a golpear hasta el momento en que desapareció, ¿qué puedo decirles? Espero que algún día, dentro de muchos años, encuentren esta carta si lo buscan, y espero sepan disculparme, pero quería recuperar la tranquilidad de mi hogar.