La luz resplandeciente, la inmensa calma que lo invade, las
personas a su alrededor, el ruido de las olas chocando contra las piedras,
pequeños detalles en la inmensidad de su universo, una vida paralela a la vida,
buscando libertad, sueños y alas. Un universo sin ataduras, sin religiones,
donde hasta el más peligroso enemigo era incapaz de causar daño, una estrella
como faro, el brillo como brújula y un destino incierto plagado de
posibilidades.
El sitio perfecto, la música suave, las caricias justas, ese
lugar donde se encuentran todas las miradas perdidas, las mentes en blanco
tienen colores y los pensamientos se sitúan al final del arcoíris, un beso es
moneda corriente. La libertad de las aves no es exclusiva, todo aquel que lo
desee podrá volar sin límites, valiéndose de sus sueños y alcanzando alturas
inimaginables, todo aquel que lo sueñe podrá llegar más lejos que cualquier
otro hombre, el único límite es nuestra capacidad de soñar.
Un mundo así no sería posible sin la imaginación, sin esa
desconexión de ideas conectadas, esos planes imposibles de llevar a cabo en el
mundo real, una imaginación pura, regada con letras, sembrada con páginas, sin
productos adicionales, sin pantallas ni alimañas. Una mente limpia, clara,
exenta de rincones negros, todos queremos ver tus violetas, verdes, azules y
amarillos corriendo como líneas en un libro, notas en una canción, paisajes en
un cuadro, expresadas en una explosión de sin sentidos que adquieren su
verdadero significado a los ojos de los demás, ellos los verdaderos jueces sin
condenas, los que aprecian la libertad tanto como uno.
El sitio aislado, la montaña más alta, el mar más profundo,
un bosque frondoso, nuestra mente y nuestro corazón unidos en pos de conseguir
hitos inimaginables, esos que solo existen en el arte, como el mundo perfecto,
por ejemplo.