jueves, 26 de julio de 2012

Una palabra, un color y una nota hacen un mundo


La luz resplandeciente, la inmensa calma que lo invade, las personas a su alrededor, el ruido de las olas chocando contra las piedras, pequeños detalles en la inmensidad de su universo, una vida paralela a la vida, buscando libertad, sueños y alas. Un universo sin ataduras, sin religiones, donde hasta el más peligroso enemigo era incapaz de causar daño, una estrella como faro, el brillo como brújula y un destino incierto plagado de posibilidades.
El sitio perfecto, la música suave, las caricias justas, ese lugar donde se encuentran todas las miradas perdidas, las mentes en blanco tienen colores y los pensamientos se sitúan al final del arcoíris, un beso es moneda corriente. La libertad de las aves no es exclusiva, todo aquel que lo desee podrá volar sin límites, valiéndose de sus sueños y alcanzando alturas inimaginables, todo aquel que lo sueñe podrá llegar más lejos que cualquier otro hombre, el único límite es nuestra capacidad de soñar.
Un mundo así no sería posible sin la imaginación, sin esa desconexión de ideas conectadas, esos planes imposibles de llevar a cabo en el mundo real, una imaginación pura, regada con letras, sembrada con páginas, sin productos adicionales, sin pantallas ni alimañas. Una mente limpia, clara, exenta de rincones negros, todos queremos ver tus violetas, verdes, azules y amarillos corriendo como líneas en un libro, notas en una canción, paisajes en un cuadro, expresadas en una explosión de sin sentidos que adquieren su verdadero significado a los ojos de los demás, ellos los verdaderos jueces sin condenas, los que aprecian la libertad tanto como uno.
El sitio aislado, la montaña más alta, el mar más profundo, un bosque frondoso, nuestra mente y nuestro corazón unidos en pos de conseguir hitos inimaginables, esos que solo existen en el arte, como el mundo perfecto, por ejemplo.

lunes, 9 de julio de 2012

Risas que cambian las nubes


Cuando el humo se dispersó y sus oídos se acostumbraron al silencio pudo ver por fin la escena final, el montaje perfecto, todo estaba en su lugar para el último gran acto y sin embargo algo no andaba bien, es decir, no se trataba de algo técnico, sino que algo en su interior no funcionaba como debía. Recorrió los metros que lo separaban de la puerta y se lanzó hacia la calle, en busca quien sabe de qué, pero en busca de algo, de todo o de nada.
Cientos de personas lo vieron vagar, perdido, confundido, pero seguro del camino que elegía, los esquivaba con velocidad pero sin apuro, no escuchaba sus voces y sin embargo sabía lo que decían. Suerte.
Tal vez nunca debió hacerlo, o si ¿Quién sabe?, lo seguro es que ahora estaba arrepentido, una decisión apresurada que lo había llevado a las puertas mismas del infierno, con el diablo a sus espaldas impulsándolo a entrar, tal vez no lo necesitaba. Subió las escaleras, llegó a su destino, ese era su lugar, de chico soñaba con un final allí, recorrió cada centímetro recordando cada marca que había hecho, su primer amor, su primer concierto, la muerte de su madre, sus hijos, todos tenían un rincón especial, pero también estaba aquel, esa marca, el impacto de la bala y la sangre oscurecida con el tiempo, aquella terraza había sido testigo de su apogeo y de su ocaso, de la riqueza y la pobreza, de la vida y de la muerte.
El estuche le pesaba, pero su peso no era nada comparado con el de su memoria, silbaba una melodía, inconscientemente, se acomodó y miró hacia el cielo jugando a buscarle formas a las nubes, soñando en que podía transformarlas en lo que quisiera y que tal vez de una de ellas descendiera su ángel para llevarlo a su lado.
Se acercó a la cornisa, se sentó dejando sus pies colgando en el vacío, tomó la guitarra y los primeros acordes comenzaron a sonar, uno tras otro se sucedían cuando de pronto sintió una caricia en el pelo, el perfume facilitó las cosas y pudo verla en el sol, sus acordes se transformaron en risas, que lo alentaron a volar, y se encontró transformando las nubes, al lado de su ángel.