La escena estaba enmarcada por un
ambiente extraño, podía percibirse que algo sucedería allí, algo muy
importante, ellos dos solos por primera vez y sin embargo las luces no les permitían
concentrarse. Meses de filmación habían dejado como resultado una extensa cinta
de casi tres horas de duración, que sin embargo nunca vería la luz. El día
anterior del estreno se organizó una cena formal de la que participarían todos
los intervinientes en el rodaje, el director, encabezando la mesa, se puso de
pie y brindó para que la suerte los acompañara horas más tarde cuando la
pantalla se iluminara dando vida a su creación, pero esa noche blanca como
ninguna, los negativos quedaron expuestos a una intensa luz perdiéndose para
siempre.
A partir de ese momento algo
cambió, el director y su séquito caminaban por los estudios como pequeñas
bombas a punto de estallar, buscando al culpable de semejante aberración,
pasaban noches enteras sin dormir estudiando los movimientos de todo el
personal, sin siquiera pegar un ojo detrás de sus lentes oscuros que los hacían
parecer ciegos. Pocos días después la búsqueda había dado sus frutos, pero el
resultado no fue el esperado, la película había sido velada por Olga, la actriz
principal y otrora amante del director.
La preparación fue difícil, era
un hombre de ideas fuertes y extremas, había decidido asesinar al culpable y
estaba dispuesto a hacerlo, preparaba el montaje final, bastante fuera de lo
habitual y hasta curioso. La invitó a su departamento, bebieron hasta
emborracharse, comenzaron a desnudarse, sus sombras se recortaban en la pared y
de golpe una mancha de sangre recorre el pecho de Olga, deslizándose por su
cuerpo, bajando por sus muslos hasta llegar al piso, él ríe nervioso, como si
se tratase de una travesura, pero no, el cuchillo se hundió tres veces más en
el cuerpo ya inerte de la mujer…
Despertó varias horas después con
la esperanza de que todo fuera un sueño, pero al ver el sitio sobre el que se encontraba,
se dio cuenta de que todo era real, nada era un sueño como él lo deseaba, pobre
Olga.