sábado, 19 de enero de 2013

El lado oscuro de la tierra


Mira y piensa, piensa y vuela, las luces se deslizan como un par de ojos acechantes y la oscuridad cubre todo, como una gran tela negra sobre sus cabezas que hace sentir la inmensidad del universo, las estrellas se propagan como pequeñas luciérnagas… luciérnagas en el universo, ¿será posible? Tiene algo de lógica, jamás se ha descartado la posibilidad de que exista vida en otros planetas, es como la teoría de las múltiples realidades, pero eso lo ha oído ya… un campo sembrado de paraguas llama su atención, pero se pierde inmediatamente.
Mira a su alrededor, una verde llanura se extiende bajo el cielo estrellado, un pájaro pasa caminando a su lado y lo saluda amablemente, el gesto no lo extraña los gorriones siempre tuvieron fama de ser muy educados, lo raro es que no era un gorrión… pensó que seguramente era una confusión y siguió caminando hasta encontrar una calle que se dirigía directamente a la luna, al llegar encontró gran cantidad de estrellas fugaces listas para ser lanzadas, un espectáculo digno de admirar. El sol iluminaba esa cara de la luna y todos se mantenían allí, pues se comentaba que en el lado oscuro de la luna se encontraba la morada del ser más monstruoso del universo, tenían suerte de que estuviese marcada con una especie de bandera con listones rojos, un rectángulo azul y algunas estrellas, eso los indignaba más, eran sus estrellas. Pero no nos desviemos, el recorrido a la luna despejó sus dudas, no había luciérnagas en el espacio, así que regresó a la tierra un tanto decepcionado y otra vez se topó con el campo de paraguas, que no desapareció sino que uno a uno fueron floreciendo hasta cubrir toda la superficie, algo parecido a un plato volador vuela bajo como rozando las puntas de metal y se pierde en dirección a Saturno.
Un susurro lo llama desde algún lugar lejano, “otra vez las realidades” pensó, pero estaba seguro de haberlas dejado atrás, la mosca ahora estaba dentro del vaso y su teoría se había desmoronado, sigue la voz, escucha y piensa, el gorrión lo mira asombrado y se aleja…
Comienza a notar que nada de lo que ha sucedido tiene lógica, pero al caer en la cuenta de que se encontraba en el lado oscuro de la tierra pudo comprenderlo todo, o casi todo “¿era o no era un gorrión?”.
El mundo se sacude y él se sobresalta, al mirar a su alrededor puede ver los campos oscuros y las líneas amarillas de la ruta pasando velozmente…
Un gorrión nunca se hubiese alejado, sonríe y vuelve a volar.

domingo, 6 de enero de 2013

Piedra libre


Un, dos, tres, cuatro… cuento los latidos de mi corazón, acelero el paso… cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez… ya no está, miro hacia atrás y puedo ver la calle vacía, siento su presencia en mi espalda nuevamente… un, dos, tres, cuatro, cinco…. Las baldosas pasan bajo mis pies, su respiración se acerca… seis, siete... veo la sombra de su brazo estirándose para alcanzarme… ocho, nueve… volteo… diez, ya no está… algo se mueve un, dos… solo un gato, respiro y me siento, una mano se posa en mi hombro, quito el insecto y me quedo tranquilo, al menos por cinco minutos, debo tomar aire y regresar a la seguridad de mi casa.
Las sombras lo ocultan, son las ocho de la noche… un, dos, tres, cuatro… tropiezo con mis cordones y no tengo tiempo de atarlos, si me caigo… cinco, seis… doy un giro como yendo a su encuentro, otra vez está detrás de mí, siete, ocho… comienzo a correr… nueve... zas!!! Caigo al suelo y puedo sentirlo, se ha ido… diez. Consigo levantarme, me quedo de rodillas esperando una muerte que nunca llega, miro a mí alrededor y los sillones ocupan gran parte del living, vuelvo a acostarme en ellos con la respiración entre cortada.
Un, dos… es solo un sueño, pienso… tres, cuatro, cinco… todo parece tan real… seis… se acerca y no he corrido, ¿acaso lo he vencido? Siete… la sangre moja mi remera… caigo de rodillas… ocho… en la cama solo hay ropa sucia y revistas viejas, todo perfectamente ordenado y limpio, parece que dejarse morir era el final del sueño, levanto el vaso de agua, bebo un sorbo y vuelvo a dejarlo sobre la mesa de luz, consigo hacerme un lugar en el colchón y vuelvo a dormir, atrás ha quedado el recuerdo de los sillones, siempre al llegar a diez espanto a la muerte como si estuviésemos jugando a la escondida, ya no podrá encontrarme…
Nueve… la sangre impregna las sabanas, piedra libre.