Dicen que la magia existe, en las personas,
en el aire, en las cosas. Dicen que la magia forma parte de la naturaleza, en
un paisaje, en un rio y hasta en el vuelo de un pájaro… cuentan que los
antiguos convivían con la magia, que eran capaces de hacer cosas que hoy nos
resultan imposibles, y también cuentan que esa magia se encuentra escondida,
quizá en un animal al que haría capaz de transformarse en lo que quisiera, tal
vez se volvería un salvador de la naturaleza o el mayor depredador de la cadena
alimenticia. O tal vez esa magia cobre forma similar a un humano formado por
haces de luz, que nos atraviesa como si no existiéramos, que circula por el
mundo como si fuera un alma, que hace cosas maravillosas interviniendo en la
historia y que en un futuro lo descubrirán en pinturas de la toma de la
bastilla y en fotografías que van desde el desembarco en Normandía hasta la
caída de las torres gemelas. Puede también que esa magia se esconda en una casa
enorme, oscura y deshabitada, que se pasee en su interior libremente, haciendo
que las cortinas bailen un vals sin la necesaria compañía del viento, ayudando
a que las velas puedan ver en la penumbra para que conozcan el universo que
despierta cuando ellas se apagan, tal vez esa magia haga que los espejos vean
en su interior y ya no reflejen las cosas como las ven sino como realmente son,
imagínense una casa donde al ingresar algo extraño flote en el aire, un living
con sillones donde el fuego de la chimenea crepite sin cesar, donde el aire
circule libremente aunque las ventanas estén cerradas, donde un brillo especial
nos invite a caminar sin miedo por la oscuridad.