martes, 25 de enero de 2011

Entre las sombras


En la oscuridad algo lo aterraba, sentía una presencia extraña, una mirada fría se le clavaba en el cuerpo al cerrar los ojos para dormir pero al abrirlos nunca encontraba nada. Así transcurrían las noches, en las que las horas de descanso se habían reducido drásticamente por esa extraña sensación de que lo observaban, en vano trato de sorprender al “intruso” prendiendo la luz de golpe, levantándose en un solo movimiento, incluso tratando de grabarlo para verlo al otro día, pero no tuvo éxito siempre conseguía escabullirse entre las sombras. Recurrió a los relajantes, infusiones varias, llegó incluso a pensar en buscar una bruja para que hiciera una limpieza, estaba convencido que algo se ocultaba cuando las luces se apagaban. 
Así fueron transcurriendo los días, todo iba bien hasta el momento de apagar la luz, pero quiso el destino que un día de esos llamados normales, ella se cruzara en su camino, ese día fue perfecto y llegó a la noche sin pensar en la sombra que lo atormentaba, pero al momento de apagar la luz todo se desmoronó ante el miedo, nada había cambiado.
El tiempo pasó pero las noches no cambiaron hasta que, una de esas noches en las que se acostó convencido de no poder dormir, se dio cuenta que ella estaba a su lado, la contempló mientras dormía y lentamente se acomodó para no molestarla con su miedo injustificado. Pero nada pasó al apagar la luz, cerró sus ojos y durmió como nunca en muchos años, al despertar comprendió que no era una presencia lo que lo asustaba sino una ausencia, la soledad, que lo había envuelto hasta ese momento en que ella apareció.
A partir de esa noche y en todas las noches que siguieron a lo largo de su vida jamás se separó de ella, y nunca más sintió a la soledad esperándolo en las sombras.

viernes, 14 de enero de 2011

Vencedores vencidos


Revolvió en sus recuerdos más recientes y no pudo encontrar nada, no había ni un solo rastro de su vida, buscó en los más remotos hasta donde daba su memoria, sin éxito.
Desde que comenzó el día parecía haber olvidado todo sobre su vida, su nombre, su edad, su familia, amigos,  no recordaba su identidad ni su origen y no lograba reconocer el entorno a su alrededor. Trató de buscar fotos, cartas, videos, pero al verlos no conseguía identificar las imágenes de su pasado ni asociarlas a su vida, una vida que, hasta el día anterior, había sido suya. Ahí estaba la clave, algo había recordado, el día anterior alguien se le había acercado y le había comentado algo, pero no podía recordar que era eso, y a partir de ese momento se pierde toda la información que incorporó a su memoria ese día e inconscientemente también la de días, meses y hasta años anteriores.
Comenzó a revolver la casa, que ya no reconocía como suya; viendo las imágenes de su infancia no pudo identificarse con ella, los juegos, lugares y amigos se le confundían en un torbellino de ideas y sonidos que no era capaz de ordenar, pero tenía en claro que debía conseguirlo, forzar su cerebro al máximo para poder conseguir un solo recuerdo, algo que le diera una luz para seguir intentando. La mujer…
Pero por más que lo intentó no pudo recordar su nombre, ni que le había dicho, solamente sabía que después de verla su vida cambió de golpe y la confusión le ganaba día a día su lucha interior, y para sumar piedras debía enfrentarse también con su familia, aunque no los reconociera, sabía quiénes eran. Ellos también intentaban frenar su lucha, que se diera por vencido, pero no fue así, por más que quisieran no abandonaría el intento de recuperar su vida, sus recuerdos y su memoria.
Fue en medio de esa lucha que el destino la topó, en sueños, con un hombre, quien pudo aclararle el camino y mostrarle la luz, fue él quien la ayudo a rehacerse, a reconstruirse. Poco a poco ese hombre envolvió su mente con una historia que unía las imágenes en su mente como piezas de un rompecabezas. Una historia oscura que protagonizaría a los 6 meses de edad, el día del secuestro de sus padres. Fue así como entendió que no podía reconocer nada de su vida, precisamente porque no era suya, fue la vida que le armaron, su verdadera vida había sido destruida en la parte más oscura de nuestra historia; en un pueblo del interior el ejército había encontrado la casa que sus padres habían alquilado para poder alejar el peligro cuando naciera.
Gracias a ese sueño entendió que la historia la escriben los que ganan, y a partir de ese momento estaba escribiendo la suya.

domingo, 9 de enero de 2011

La primera piedra

¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de la hipocresía? Tal vez más de las que podemos contar mentalmente, pero en realidad en cuantas de esas veces se estaba utilizando bien el término.
La Real Academia Española la define como el “Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.” Podemos ver entonces que fueron muchas las oportunidades en las que nos encontramos con gente hipócrita, sin saberlo fehacientemente, y podemos encontrar un claro ejemplo en nuestra sociedad, la cual se caracteriza por la búsqueda eterna de “la paja en el ojo ajeno sin advertir la viga en el propio”, entonces sin esperarlo nos cruzamos con personas que realizan duras criticas a otras escondiendo sus propias miserias similares o a un más graves que las castigadas; podemos ver también a quienes  van por la vida pregonando la moral y las “buenas costumbres” para el resto del mundo sin ponerlo en práctica. Es fácil criticar al otro, el argentino siempre es el mejor, el más bueno, el más correcto, siempre somos más que el otro y vemos en los demás defectos que, encontrados (cosa casi imposible para algunos) en nosotros mismos son justificables teniendo en cuenta las circunstancias del caso.
Hoy en día la hipocresía vende, tenemos ladrones hablando de seguridad, homicidas pidiendo que se respete su vida, gente que viola derechos de otros pidiendo el respeto de los propios y demás casos que se puedan imaginar en todos los ámbitos de la vida, si, por más que no nos guste es así. Habría que ponerse a pensar, y ver si realmente es positivo criticar errores ajenos sin aceptar los propios, aunque en estos tiempos se acepte que un ladrón acuse y critique a quien robe, que quien miente acuse de mentiroso a otro dando después cátedra sobre la verdad y el respeto, sin saber que el respeto empieza por nosotros mismos.
Sé que no muchos van a llegar a este párrafo, tal vez menos de los que imagino, como buenos argentinos nos molesta que nos remarquen un defecto, pero quien llegue puede que se quede con una sensación extraña dando vueltas en su cabeza, una especie de idea, un recuerdo de alguna situación, y tal vez dentro de 10 minutos nos demos cuenta de que la hipocresía nos rodea, y ahí es cuando tengo que decir que no es bueno andar por la vida pregonando lo que no se es, que no se puede acusar de ladrón a alguien si alguna vez robamos, en síntesis “NO SEAMOS HIPOCRITAS PENSANDO QUE SOLO LOS DEMÁS LO SON”.

lunes, 3 de enero de 2011

El enigma del hombre

Explicaciones, nos pasamos la vida pidiéndolas y buscando de donde sacarlas, sin tener respuestas en la mayoría de los casos ¿por qué será entonces que seguimos haciéndolo? Paradójicamente no puede explicarse porque el hombre sigue buscando explicaciones cuando no las encuentra.
Así que en estos días me dedique a tratar de vivir sin ellas, viendo que pasaba si no me preguntaba el por qué de las cosas, debo confesar que fue prácticamente imposible no cuestionar hasta la brisa más leve con un ¿por qué cuando no traigo campera hay viento?. Pero poco a poco fui abstrayéndome, dejando que la vida pase, sintiéndome libre y dejando que mi destino también lo sea, porque al cuestionar las cosas siempre se trata de cambiarlas, aunque sepamos que es imposible y no le damos libertad para que surjan como son. Es por eso que me propuse realizar este experimento, tratando de no buscar respuesta a la incógnita que mas perdura en la historia de la humanidad ¿Por qué?, intente ver lo que sería vivir sin esa duda, y todo se hizo más sencillo, me di cuenta que el hombre se dificulta las cosas dudando, la duda es la gran problemática del hombre y que ni los más grandes filósofos pudieron solucionar, así que  valiéndome de mi única arma, mi cerebro, busqué la “cura” para esta milenaria enfermedad, y la encontré, traté de explicarla y ponerla en práctica con otras personas pero me resulto imposible, siempre buscaban cuestionarme algo. Entonces decidí que sería la única persona sin dudas en el mundo, el único sin problemas, solamente con soluciones,  así que camine feliz por la vida durante 40 50… metros, hasta que sin buscarlo y de manera accidental pensé ¿por qué hago esto?, fue ahí cuando me di cuenta que cada quien tiene las respuestas a sus preguntas y que no se puede vivir evitándolas.