Corría el año 1975 y una grave crisis política, económica e institucional agitaban las aguas de nuestro querido país, se atravesaba uno de los peores momentos de la historia, agravado por el bloqueo del Mercado Común Europeo y la renuncia del ministro de economía. A esta altura ya deben saber que hablo de Argentina, otrora denominado el “granero del mundo”.
La designación de Celestino Rodrigo como nuevo ministro de economía y su plan de reformas llamado “el rodrigazo” no hicieron más que empeorar nuestra situación, cada día se hacía más difícil vivir y las noticias no eran para nada alentadoras, nosotros, los trabajadores fuimos quien más la sufrimos, para colmo de males comenzó una persecución desmedida de aquellos intelectuales, artistas y activistas que eran considerados de izquierda, el país estaba al borde del colapso y al cabo de un tiempo la persecución y represión se tornaron ineficaces, el gobierno de Isabel Martínez de Perón se encontraba a un paso del abismo.
Así, tras varios meses de acontecimientos desafortunados para todos, se llegó al día 12 de diciembre de ese mismo año, donde el brigadier Orlando Capellini intentó un golpe, el cual fracasó debido a que no se habían consolidado las jefaturas de las Fuerzas Armadas, pero este no sería el único golpe que se le haría al gobierno.
Comenzó a gestarse un nuevo golpe armado movilizando a las tropas con la excusa de combatir a los subversivos, éste contaba con el apoyo de la prensa e implícitamente de distintos sectores del gobierno y partidos políticos. El día 24 de marzo de 1976 las tropas del ejército, comandadas por los denominados “Jefes de las Tres Armas”, Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera y Orlando Agosti, irrumpieron en la ciudad con el objetivo de destituir a la Presidente e instaurar el Proyecto de Reorganización Nacional; pero ocurrió un acontecimiento inesperado, la reacción social. En los meses previos los estratos medios habían demostrado no oponerse al golpe, o por lo menos la mayoría, ya que varios de nosotros seguíamos creyendo en las instituciones, eso sumado a que los sectores populares más amplios mostraban desprecio hacia el gobierno constitucional y alimentaban la idea del golpe, hizo que la cúpula militar se viera sorprendida por nuestra aparición en la plaza enfrentando a sus armas con una manifestación espontánea. Los partidos de izquierda y los denominados “montoneros” y “guerrilleros” se unieron como hacía mucho tiempo no se veía e iniciaron el ataque para conseguir el retroceso de las tropas.
Los días pasaron, mucha gente moría y los enfrentamientos eran cada vez más encarnizados, los militares no estaban dispuestos a ceder su ambición de poder y nosotros defendíamos con uñas y dientes nuestra democracia (por más débil que se viera) y nuestra constitución.
Al ver que las tropas del ejército ganaban territorio gracias a su coordinación y organización, se decidió convocar a una reunión de los jefes de todos los sectores, consiguiendo la presencia de los jefes sindicales, líderes de las diferentes ramas de la izquierda, un grupo de personas destacadas por su presencia en la lucha, representando al sector medio y demás integrantes de los sectores con quien no creíamos contar. Allí se decidió organizarnos igual que ellos, nuestra preparación no era la misma y no contábamos con el tiempo para entrenarnos, pero nuestro corazón era más grande y nuestra patria nos necesitaba con urgencia.
Se organizaron grupos para conseguir armas sea como sea, otro sector se encargaría del bloqueo de las calles para impedir el avance de los tanques y armas de asedio, y un tercer grupo encabezado por el sector de los trabajadores, con mi presencia al mando, se encargaría de la protección de la Casa de Gobierno y de la salud, bastante deteriorada, de Isabel.
Con el correr de los días el ejército fue cediendo terreno, y se consiguió el arresto de los tres jefes, viéndose descabezados, comenzaron a desesperarse y al llegar el 5 de abril el golpe había sido sofocado, la democracia estaba más viva que nunca y era gracias a su pueblo.
En los meses posteriores todos colaboramos para la reconstrucción de los lugares más afectados, en todos los rincones del país se podía ver gente trabajando día y noche en casas, plazas, edificios, escuelas y todo aquel lugar que se encontrara deteriorado por la lucha. Todos y cada uno de los habitantes conseguimos reforzar las instituciones y consolidar nuestra libertad, con el correr de los años nuevas ideas fueron aflorando, grandes escritores fueron capaces de exponer sus ideas por contrarias que fueran al gobierno, los músicos escribían grandes letras y se podía ver por la calle chicos de largas cabelleras caminando sin peligro.
Hoy han transcurrido 35 años de ese momento y todavía están frescos en mi memoria los recuerdos de esos días, y de los venideros también, porque no puedo imaginar lo que hubiera sucedido si la junta conseguía tomar el poder, hubiesen muerto las ideas perseguidas por las balas, las soberanía sobre las Islas Malvinas no se habría conseguido tras arduas negociaciones, sino que, tal vez, se hubiese intentado una estúpida guerra arriesgando las vidas de nuestros hijos y creo, también, que hoy seríamos por lo menos 30.000 habitantes menos.
Gracias al pueblo hoy podemos explicarles a nuestros hijos el verdadero significado de la frase “Oíd mortales el grito sagrado, LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD”.
¡VIVA LA PATRIA!