Emprendió un viaje inesperado, simplemente se despertó con ganas de viajar y asi lo hizo, metió lo indispensable en un pequeño bolso y se marchó con rumbo incierto, sin despedirse de nadie y sin saber que sería de su vida. La travesía no sería nada fácil, los caminos escondían secretos que nunca habían sido revelados por nadie, y hasta los más valientes temían salir del los limites urbanos, pero él, Tiresar, simplemente se fue.
Al principio lo imprevisto del plan lo mantenía acelerado, con paso constante y sin temor, viajaba decidido a encontrar su rumbo y su vida, alguien le había dicho alguna vez que la vida era como una pared que se construía ladrillo por ladrillo, y que cada ladrillo era una meta cumplida en ella, pero se había olvidado de la ultima parte de la enseñanza, intentó recordarla pero, al no poder lograrlo, se convenció de que no era tan importante si la había olvidado. De repente pensó en la pared y en sus ladrillos, se sentó en un tronco seco y meditó en silencio sobre sus metas y el tamaño de su pared, luego de varios minutos llegó a la conclusión de que ésta no tenía más de dos o tres hileras de ladrillos, así que se puso de pie en un salto y continuó su viaje decido a agrandarla y escribió en un pedazo de tela sus primeras diez metas.
Consciente de los peligros que lo acechaban en el inhóspito bosque, donde las criaturas más aterradoras tenían su morada, se puso como primera meta sobrevivir al menos una semana, lo cual le resultó sencillo, ya que solo se encontró con un conejo que terminó siendo su cena, y con otra extraña criatura totalmente inofensiva, por lo que decidió estirar el plazo de su meta a un mes. Pero al menos ya tenía otro ladrillo.
Su segundo objetivo fue registrar al menos 5 criaturas desconocidas, para poder estudiarlas en un futuro. Aquí las cosas fueron complicándose un poco, ya que al escuchar sus pasos todos los seres del bosque huían despavoridos, pero al fin, pasadas 2 semanas de que se cumpliera la extensión que había hecho a su primera meta, pudo registrar el quinto y último animal para obtener su tercer ladrillo.
Esto de las metas se había vuelto una obsesión, todo el tiempo se trazaba objetivos con el fin de ganar más y más ladrillos, pero ya no tan difíciles, sino que se trataba de planes como caminar diez pasos con los ojos cerrados, mirar al cielo veinte minutos, correr durante un tiempo determinado, etc. Y así fueron pasando los meses hasta que por fin se cruzó con otra persona que se dirigía en dirección contraria, luego de presentarse mutuamente, comenzaron a charlar sobre sus vidas, el extraño decía venir de la ciudad del este, donde era un rico comerciante, con una linda familia y muy respetado por el enorme esfuerzo y dedicación que todos los día ponía en su labor; sólo tres ladrillos, le dijo nuestro protagonista, y en ese momento le contó la metáfora de la pared y los ladrillos, al ser consultado sobre su cantidad de ladrillos, comenzó a enumerar sus numerosas metas cumplidas, lo cual culminó en una discusión por la facilidad de la mayoría de los planes.
Terminada la discusión el comerciante insistió en conocer el origen de Tiresar, algo que no pudo ser respondido, ya que no lo recordaba, en ese momento el pánico se apoderó de su cuerpo y comprendió que no tenía un solo recuerdo de su vida anterior, su trabajo, sus amigos, su familia, solo encontraba cantidades de pasos, minutos, horas y semanas, ladrillos.
Trató de acercarse al extraño pero ya no lo encontró donde había estado sentado, quería pedirle disculpas por la forma en la que habían discutido, había comprendido que sus tres ladrillos formaban una pared realmente sólida, y que él solo había conseguido una montaña de planes sin sentido.
Y ahí recordó el final, una pared no puede construirse si sus ladrillos no tienen un orden de ubicación, un sentido que los una, una actitud que los mantenga y una base sobre la cual asentarse.
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