domingo, 9 de enero de 2011

La primera piedra

¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de la hipocresía? Tal vez más de las que podemos contar mentalmente, pero en realidad en cuantas de esas veces se estaba utilizando bien el término.
La Real Academia Española la define como el “Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.” Podemos ver entonces que fueron muchas las oportunidades en las que nos encontramos con gente hipócrita, sin saberlo fehacientemente, y podemos encontrar un claro ejemplo en nuestra sociedad, la cual se caracteriza por la búsqueda eterna de “la paja en el ojo ajeno sin advertir la viga en el propio”, entonces sin esperarlo nos cruzamos con personas que realizan duras criticas a otras escondiendo sus propias miserias similares o a un más graves que las castigadas; podemos ver también a quienes  van por la vida pregonando la moral y las “buenas costumbres” para el resto del mundo sin ponerlo en práctica. Es fácil criticar al otro, el argentino siempre es el mejor, el más bueno, el más correcto, siempre somos más que el otro y vemos en los demás defectos que, encontrados (cosa casi imposible para algunos) en nosotros mismos son justificables teniendo en cuenta las circunstancias del caso.
Hoy en día la hipocresía vende, tenemos ladrones hablando de seguridad, homicidas pidiendo que se respete su vida, gente que viola derechos de otros pidiendo el respeto de los propios y demás casos que se puedan imaginar en todos los ámbitos de la vida, si, por más que no nos guste es así. Habría que ponerse a pensar, y ver si realmente es positivo criticar errores ajenos sin aceptar los propios, aunque en estos tiempos se acepte que un ladrón acuse y critique a quien robe, que quien miente acuse de mentiroso a otro dando después cátedra sobre la verdad y el respeto, sin saber que el respeto empieza por nosotros mismos.
Sé que no muchos van a llegar a este párrafo, tal vez menos de los que imagino, como buenos argentinos nos molesta que nos remarquen un defecto, pero quien llegue puede que se quede con una sensación extraña dando vueltas en su cabeza, una especie de idea, un recuerdo de alguna situación, y tal vez dentro de 10 minutos nos demos cuenta de que la hipocresía nos rodea, y ahí es cuando tengo que decir que no es bueno andar por la vida pregonando lo que no se es, que no se puede acusar de ladrón a alguien si alguna vez robamos, en síntesis “NO SEAMOS HIPOCRITAS PENSANDO QUE SOLO LOS DEMÁS LO SON”.